MANIFIESTO

GL!TZ* como re-vuelta a los orígenes y los valores del house y el techno, una propuesta que busca consolidar una pista de baile justa y segura para todes. La cultura rave se ha convertido en un método autogestionado para la construcción de comunidades de iguales desde sus orígenes contraculturales, afroamericanos y gays en Detroit, Chicago y Nueva York.

GL!TZ*como la otredad, lo queer, la cultura rave. La pista de baile es el hábitat de la comunidad donde las relaciones sociales, políticas, afectivas, sexuales se atan a la cadencia incesante del bajo, que nos llama a mezclarnos en el dancefloor. Nadie es más ni menos que nadie en la pista de baile.

GL!TZ* como realidad impertinente, como devenir abierto, como baile infinito, como cuerpo de baile revolucionario. No hay experiencia sin extrañamiento, transgresión, desajuste, descolocación, tránsito, interrupción…

GL!TZ* como grito empoderado que reclama el derecho de autodeterminación de los queerpos que han tomado el escenario antagonista central y tienen la potencia de agregar las nuevas luchas anticapitalistas, post-género y postcoloniales.

GL!TZ* como políticas de la noche, como acción donde poder crear, desear y sentir nuevos imaginarios que pongan en jaque, desplacen, cuestionen el imaginario cisheterocapitalista impuesto; donde dejarnos atravesar por la música y bailar con ferocidad y asimetría entre lo zigzagueante y lo desgarrado en busca de la agitación individual y colectiva.

Del derecho de admisión por gorilas en garitos,
para gente blanca, hetero y guapa,
al baile de cuerpos disidentes, tullidos y sudorosos.
Nuestro cuerpo pide movimiento, y no se lo vamos a negar.
Necesitamos la pista de baile, ahora más que nunca.
No sólo la queremos, también la necesitamos.
Somos salvajes.

GL!TZ* 

 

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MANIFESTO

GL!TZ*, as a re-turn to the origins and values of house and techno, an idea that seeks to consolidate a fair and safe dance floor for all. rave culture has become a self-organized method of building communities of equals, ever since its countercultural, African-American and gay origins in Detroit, Chicago and New York.

GL!TZ* as an otherness, queer, as rave culture. The dancefloor is the habitat of the community, a habitat where social, political, affective, sexual relations are tied to the incessant rythm of the bass, which invites us to blend on the dancefloor. No one is more or less than anyone else on the dancefloor.

GL!TZ* as an impertinent reality, as an open path, as an infinite dance, as a revolutionary dancing body. There is no such thing as experience without estrangement, transgression, maladjustment, dislocation, transit, interruption…

GL!TZ* as an empowered howl to claim the right of self-determination of queer bodies who have taken the central antagonistic stage and have the power to aggregate the new anti-capitalist, post-gender and post-colonial struggles.

GL!TZ* as politics of the night, as an action where we can create, desire and feel new imaginaries that challenge, dislodge and doubt the imposed cisheterocapitalist imaginary; where we can let ourselves be run over by the music, and dance fiercely and asymmetrically between the disheveled and torn, in search of individual and collective frenzy.

From the right of admission by bouncers in clubs,
for white, straight and beautiful people,
to the dance of dissident, crippled and sweaty bodies.
Our body asks for movement, and we will not deny them it.
We need the dance floor, now more than ever.
We don’t just want it, we need it.
We are the wild ones.

GL!TZ*